NI BLANCO NI NEGRO II (MELANCOLIZACIONES) 1 EVA LERNER


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1 NI BLANCO NI NEGRO II (MELANCOLIZACIONES) 1 EVA LERNER Me referiré a un perfil de la cura de pacientes neuróticos en cuyo decir puede cernirse que lo prioritario pareciera ser la melancolización. Nos referimos a ellos,con frecuencia como "histérico, fóbico u obsesivo melancolizado" y lo que podemos subrayar es una excesiva pérdida de su condición deseante. No siempre se trata de un objeto perdido,más bien el duelo que resiste en estos casos es el duelo por el objeto, que ensombrece al sujeto, porque no puede ser perdido. Lo que no fue perdido en lo simbólico, es decir que no devino falta, para hacerse tributario de Fi mayúscula, de un sentido agujereado y no coagulado, por lo tanto del objeto a en lo real como causa de deseo, retiene al sujeto en un goce que resiste perderse. Esto es, que lo que fue perdido pero reincorporado con máxima adhesividad, también debe volver a perderse, pero cuando alguien esta melancolizado, le falta una hebra al menos,de capacidad de desear para que valga la pena la renuncia pulsional. Cada duelo da la ocasión de volver a simbolizar la falta en ser constitutiva de la castración y lo insoportable es la castración del Otro. El sujeto está advertido de la aflicción que sufrirá, pues, desde el momento que la experiencia de la pérdida, es constitutiva del sujeto como hecho originario,es sucesivamente reactualizada en cada nueva pérdida. No hay en el Otro ningún significante que pueda responder por lo que el sujeto es,y el precio a pagar por estar sujetos a la palabra, es poder faltar a la cadena que nos determina desprendernos del resto de goce que nos desvía. En definitiva el duelo es siempre en retroacción por el falo y su trámite moviliza la serie de los duelos no tramitados para el sujeto. El objeto es aquello que toma el lugar de lo que el sujeto no es, en tanto no es el falo. Ya que éste es un encuentro de analistas no está demás subrayar que la experiencia del y 1 Presentado en la Escuela Freudiana de Buenos Aires, 20 años de Escuela en la práctica del psicoanálisis. 1

2 objeto en el propio análisis es una cuestión indisociable de la práxis del analista. Es sólo atravesando la conmoción de la experiencia que se abre el concierto pulsional y se van diseñando los distintos perfiles de la identificación del sujeto al objeto del que se trata. Ya desde los griegos se trataba de definir el mundo sensible y cómo éste era aprehendido por los sentidos del sujeto. El psicoanálisis subvierte las reflexiones de siglos de la filosofía proponiendo la vida pulsional del humano, diríamos hoy, como una lente que colorea el universo del sujeto al color de su lente. Es el mundo que lo rodea, quién,traumáticamente, penetra al infans por los agujeros del cuerpo, con palabras que diseñarán un borde, en un cuerpo Este cuerpo, en su consistencia imaginaria se constituye alrededor del carozo del ser que llamamos objeto a en su estatuto real,que abrochado al estatuto del significante de lo fálico, habrá dado por perdidos en su primera vuelta, a los restos del cuerpo que el cociente del sujeto y el Otro, arrojaron.recién allí podemos decir que se constituyó un cuerpo erógeno. En nuestra práctica nos encontramos con un abanico de melancolizaciones en el campo de las neurosis, cuyas consecuencias se evidencian en el registro de lo imaginario y se expresan por una identificación a un objeto a desechar que es efecto de una marcada servidumbre del sujeto al sentido pleno del Otro. Cuando una mirada no recubre su falta,la más bella de las mujeres empieza a verse fea, demasiado gorda o demasiado flaca, el más capaz de los varones comienza a considerarse inseguro o demasiado exigido. Martirizadores en grado extremo, por martirizados, se muestran afrentados como si hubieran sido objeto de una gran injusticia, y en general pareciera que hubo una afrenta o un desengaño real, no fantasmático. Demanda de mirada y de voz por demás, es decir demanda de deseo del Otro. El melancolizado aparenta estar inhibido, las querellas que se manifiestan con algún semejante, su exigencia de amor ilimitado, la angustia y por sobre todo el fuerte sentimiento de desvalorización nos indican algo más: un mal lugar para el sujeto, respecto del Otro. La melancolización se advierte sobre todo por lo desconectada que está la imagen en la 2

3 que el sujeto, se ve y en la que desconoce por completo la identificación al objeto de lo que le retorna de la mirada del semejante. La fuerte pregnancia del objeto y la resistencia de lo real de un goce recubren la subjetividad y la queja reiterada no ofrece texto metaforizable para ser interpretado. Pareciera que al sujeto se le hubiera extraviado tanto su capacidad de desear que la falta de sentido, pasa a presentar las coordenadas del goce, pero la fantasmática, cuya función principal es resguardar el deseo no se consigue diseñar.?qué acontece en las neurosis cuando la melancolización impide el avance del trabajo analítico y pareciera que la cura: retorna al mismo lugar o presencia la alternancia con la manía? Si el duelo normal requiere de un reordenamiento simbólico, imaginario y real,?como zanjar el obstáculo en la cura cuando en las melancolizaciones se trata precisamente de las dificultades para el pasaje a un duelo normal? En las neurosis, pensando en el nudo de tres, es decir cuando el paciente consulta es que algo de la estabilización borromeica que la estructura le otorgaba denuncia su insuficiencia. Podríamos situar en ésta torsión en la constitución, lo que Pura Cancina refiere respecto al rechazo de los "mandatos de la palabra", y yo agregaría mandatos de la palabra que se anunciaron como certeza y al ser rechazados queda un límite borroso respecto a la ley en la estructura. La relación es inversa al mecanismo de la psicosis- en la cuál la verwerfung del Nombre del Padre es en lo simbólico y retorna en lo real del delirio y de la alucinación- en el duelo el agujero es de lo real y moviliza al significante, en razón de la insuficiencia significante para hacer frente al agujero creado en la existencia. Pero en la melancolización no se trata sólo del objeto que no puede terminar de perderse y de los sentimientos de amor y odio hacia él, sino de lo que del sujeto se perdería si se inscribe la pérdida del objeto. El sujeto perdería un goce. Y es de perder un goce que se trata para que el deseo tome su curso. Este goce que en las curas es llevado al límite toma caso por caso el lugar central de aquello que del confort de lo mismo tienta y pide un poco más: goce del desorden, del onanismo 3

4 excesivo, del no puedo; goce de la crítica al Otro de la reivindicación y la querella, goce de la ignorancia y goce de la hipocondría. El sujeto está adherido a un objeto que invita a articular, por sus efectos, identificación y melancolía. La diferencia entre la melancolía y la identificación es que en una el objeto se ha puesto en el lugar del sujeto y en la segunda, para Freud, el objeto se perdió y el yo se altera parcialmente según su modelo. Si decimos que el objeto no se perdió la identificación al objeto, en la melancolía se diferencia de la identificación constitutiva. Cuando Freud compara la melancolía con el duelo, subraya que muestran los mismos rasgos que el duelo excepto uno: falta en él la perturbación del sentimiento de sí, es decir del amor propio. La sombra del objeto ha caído sobre el yo, dice Freud,y yo agrego: la sombra del objeto que no puede ser perdido, con la consecuencia que los reproches al objeto se dirigen por eso al propio yo. " Es diferente el objeto que en el Otro sostiene la relación de amor como causa del deseo y objeto de la pulsión, que cae cuando el Otro se pierde, es decir que a su tiempo, el Otro rotó, que cuando el Otro no rota, impasse en el que el melancólico se encuentra. La falta que el Otro no soporta -propone Isidoro Vegh- retorna al sujeto cuando el Otro en lo real se pierde. La operación que podría situar al Ideal, secundario a la rotación, queda fundido en el Yo ideal y el sujeto se pierde. La certeza del Otro vela su falta para el sujeto y ésta cae sobre su imaginario anonadándolo. El a en lo real, carozo del ser, queda inundado por la falta del Otro, que obtura arrasadoramente el lugar de su deseo como causa. Haydée Heinrich propone pensar a la melancolía como una estructura de borde en la que operó el primer tiempo fundante del sujeto, es decir la inscripción del significante del Nombre del Padre pero el segundo no. Esto es, que en los tiempos de constitución subjetiva fracasó la inscripción de una pérdida real y esto hace que aquél fracaso, en un tiempo fundante se haga presente cuando una nueva pérdida exige ser simbolizada. Tanto cuando éstos duelos se reactivan por algún otro, intentando tramitarse,como cuando el análisis trata de desenquistarlos por sus crónicas consecuencias,se atraviesa un tiempo 4

5 de conmoción de la imágen especular. El lugar de lo escópico respecto a la castración es el lugar de máximo velo. Si las cosas fueron bien, la anticipación en la imágen que la mirada del Otro nos retorna, es esa ilusión de autosuficiencia y de dominio. Es en relación a la imágen especular que la castración toma cuerpo. Hace falta la instauración de una distancia ofrecida por el Otro, que de al sujeto un alejamiento de sí mismo que requiere.ni demasiado angustiante ni demasiado cautivante en el espejo, permite esa distancia, decimos que el Otro pueda rotar. Cuando ésto no ocurrió en la constitución, o vacila por la conmoción imaginaria que una pérdida conlleva,asi sea mínima, la afrenta narsicística denuncia una susceptibilidad exagerada. Muchas veces el semejante que ocupa el lugar del objeto amado, es tomado en ayuda, y es que el melancólico lo necesita para reeditar un espejo que ésta vez rote. La vida amorosa es por eso un escenario privilegiado de la puesta en escena del reforzamiento del amor propio, y la pérdida del objeto de amor ocasión de su desdibujamiento. La demanda de amor es tan ilimitada que finalmente deja al otro en falta, una falta que de todos modos no le permite resituar la castración simbólica y patina todo el tiempo hacia la imaginaria. Cuando no estamos frente a una estructura melancolizada, el trabajo de duelo, al situar la pérdida, alivia; en las melancolizaciones, en cambio se trata de que se vislumbre algún borde deseante, rectificación del deseo que solo adviene al sujeto después de cada vuelta que inscribe la castración. La conmoción del objeto del lugar del sujeto, que bordea las coordenadas pusionales, no alcanza y paralelamente estamos frente a su servidumbre al superyó y al ideal. Caso por caso, conseguir la máxima diferencia entre el objeto y el Ideal, donde el espejo del Otro no rotó, acompaña al sujeto a realizar un trayecto desde dónde podrá tomar la distancia necesaria para advertir donde estaba entrampado. El objeto que recorrió una cierta trayectoria que lo aleja del Ideal, es el objeto que se torna sustituible, condición habilitadora del deseo porque fuerza desde la vacuidad de su causa pero para conseguir la movilidad, la renegación debe quedar atrás. 5

6 La euforia, a veces de forma maníaca, que experimenta el analizante cuando sale del episodio melancólico no es porque pudo dar un paso más en la recuperación de su posición deseante. Pareciera que el sujeto avanzó un tramo más en liberarse del objeto, y no de su servidumbre al superyó, sin embargo la euforia se debe a que triunfó la renegación. La manía pertenece al mismo compejo de desconocimiento de la pérdida,que la melancolía, tributarias ambas del duelo patológico, por lo tanto de la renegación de la castración, sólo que la manía se presenta como ajena al sujeto. La queja del episodio melancólico permite enfrentarlo con su decir, en cambio el episodio maníaco es tan egodistónico, que con frecuencia es la repetición de actings como puesta en escena de lo que no pudo ser dicho lo que posibilita en la cura, con la letra que allí se extrae, que el sujeto reconozca su implicancia en la renegación. Nunca más que en las salidas maníacas un analista se encuentra en condiciones de anticipar las infructuosas consecuencias de la renegación. Todo puede retornar muy pronto a nada, blanco puede muy bien mañana volver a ser negro. pero la complicación es mayor cuando la repetición no aporta letra. Vayamos ahora en sentido opuesto.el curso de estas curas avanza cuando el analizante, que no encontraba la posibidad de que el sentido deslice en otro sentido,y quedaba a merced del sentido pleno del Otro, o del acting-out, es liberado del objeto mediante una operación de extracción de aquello que lo anonadaba. Esta operación requerida en la cura, cuando la repetición no aporta letra tiene por función interrumpir un goce, para que la condición deseante del sujeto pueda encarnarse en algún proyecto de vida. Esta interrupción se ordena alrededor de un trabajo de diferencia, de la interpretación a la intervención para conseguir legitimar alguna posta fálica que resitúe el deseo en relación a la ley. El efecto es un aflojamiento que produce la cura en la estructura nodal para la relativización del sentido del Otro, si el analista con su presencia puede ofrecer su cuerpo a un tiempo de odio en la transferencia donde el duelo será primero a capa y espada. Freud no ve cuál de las dos cuestiones ponen fin a la melancolía: si el desahogo de la furia, o el afloje de la fijación a la libido desvalorizando al objeto, momento en que se puede 6

7 resignar a él por carente de valor. Es Lacan quién en Hamlet sitúa la necesaria rectificación del deseo que vuelve al acto posible por vía de la intervención que resitúa la castración. Esta operación, lo confirmamos por sus consecuencias clínicas libera al sujeto de los efectos desvastadores del objeto, y permite en la cura que el discurso prosiga, pero requirió un pasaje contundente por lo real, por parte del analista y por parte del analizante, que llevan a la discusión del lado del analista,sobre cómo se entiende la abstinencia en la dirección de la cura,y sobre la rectificación de la realidad que el análisis conlleva, del lado del analizante. En principio, las melancolizaciones nos impresionan como enigmáticas, porque no acertamos a ver qué es lo que lo absorbe al sujeto tan enteramente, en una desesperación tal, que a veces anuncia el pasaje al acto. Pero ya nos decía Freud cuando observaba que captan la verdad más que otros no melancólicos: quién ha dado en apreciarse tanto y lo manifiesta ante otros, ese está enfermo, ya diga la verdad o sea mas o menos injusto consigo mismo. La propuesta de éste trabajo continúa las reflexiones acerca de las desestabilizaciones en las neurosis y sus avatares en la clínica. Luis consulta para no saltar de la ventana.hace un año que se abandonó en algún lugar esperando el Mesías o la lotería. Varias veces en su vida consiguió una posición económica espectacular y luego lo pierde todo, y se va a la mierda -dice- pero ésta vez fue la peor.hace un año y medio tuvo que escapar del país donde vivía, divorcio mediante,por evasión de impuestos,y es difícil que vuelva a ver a sus hijos a la brevedad.se considera brillante y de repente se va al pozo,"necesito que me tiren una soga porque me hundo".hace tres años que vive con una mujer que aparentemente lo deja por sus depresiones y falta de proyectos: "Yo, el Rey de la bolita y mi último recurso colapsea":siempre por una mujer, señalo ya en las entrevistas. "El viejo, sólido, renombrado y adinerado tenía un sólo quiebre que era la vieja", responde.después de la muerte del viejo las cosas se fueron a la mierda y yo también.quiero saber si valgo o soy un fraude.una vieja úlcera amenaza con reactivarse y tiene insomnio desde que nació su primer hijo.tener un hijo le quitó el sueño,ya que no estaba conforme con que abandono la casa paterna y el país de orígen para dejar de ser hijo.el padre, huérfano de padre,lo educaba como a un niño de clase alta,que debía aprender música y varios idiomas,pero le exigía 7

8 como a un huérfano.esperaba que supiera trabajar a los 12 como él, pero no se lo enseñó.como sus acciones como el mismo las refiere transcurren entre picos y valles,sin poder situar como pasó de uno a otro,aún en medio de su desesperado reclamo por comenzar el análisis, yo lo despedía hasta la próxima entrevista hasta que mínimamente pudo comenzar a relativizar el espectacular o mierda de los departamentos que buscaba para mudarse,y sancioné el comienzo recién cuando una mudanza anunciaba, el comienzo de un nuevo tiempo, ni millonario, por ahora, ni pobre. Ni Mesías algún día en una eterna procastinación, ni ya mismo o es la apocalipsis.el comienzo del análisis sancionó la inauguración de los preparativos para otra mudanza más, que sería el trabajo para pasar de la manía - melancolía al duelo. De todos modos yo no apostaba a que en una primera vuelta se pudiera analizar. En las primeras sesiones trae un sueño,que confirma que éste pasaje,aunque con recaídas, puede comenzar:" otro se apropió del boliche del viejo, en su lugar". De estar sin trabajo, con pocas reservas y con fantasías de perder cada vez más hasta convertirse en "homless", dice que ésta vez, a diferencia de otras debiera poder preveerlo, para que luego no sea tarde. Consigue inventarse, según sus aptitudes, un trabajo en el que gana mucho dinero, pero contrae una deuda voluminosa, que quedó al márgen del análisis por la cual decide interrumpir. Durante el tiempo que duró su análisis, la compulsión a la actuación mostraba en reiterados actings outs, lo difícil para él de articular discursivamente. Esta mostración invitaba a una lectura, pero siempre tarde, cuando la mujer ya estaba casada con otro, cuando el auto a estaba comparado, cuando el traslado a otra ciudad ya estaba aceptado. Acting que pone de manifiesto que sólo puede substraerese imaginariamente de un Otro arbitrario que lo mandonée, cuando en verdad reniega de una legalidad que lo ordene. Una intervención posible, que permite pensar esta interrupción de análisis abre al debate de estos tiempos: "usted no puede decidir nada sin que pase previamente por el análisis, sino no lo acompaño más". 8